martes, 28 de agosto de 2007

Color

Henri Cartier-Bresson

Al referirnos a la composición hasta ahora solo hemos pensado en términos de ese color simbólico que llamamos negro. La fotografía en blanco y negro es una abstracción. En ella todos los valores están traspuestos y esto deja abiertas las posibilidades de elección.

La fotografía a color trae consigo un sinnúmero de problemas que aun hoy es difícil resolver y hasta de prever, debido a su complejidad y a su relativamente corto desarrollo. Hoy en día las emulsiones de las películas a color son todavía bastante lentas. Por consiguiente, los fotógrafos que emplean el color tienen una tendencia a limitarse solo a sujetos estáticos o a usar luces artificiales terriblemente fuertes. La velocidad lenta de la película a color reduce la profundidad de campo en las tomas de relativa cercanía, y esto generalmente produce una composición insulsa y opaca. Además, los fondos borrosos de las fotografías en colores son francamente desagradables.

Algunas veces las fotografías a color en forma de transparencias son bastante hermosas. Pero luego, el impresor pasa a hacerse cargo de ellas, y en este asunto me parece que, como en la litografía, es muy importante un entendimiento perfecto con el. Finalmente, están los tintes y el papel, que pueden tener un comportamiento caprichoso. Una fotografía en colores reproducida en una revista o edición semilujosa a veces da la impresión de ser una disección anatómica efectuada toscamente. Es cierto que las reproducciones de fotografías y documentos en color van logrado una cierta fidelidad con los originales, pero cuando el color pretende capturar la vida real ya es otro asunto. La fotografía en color esta en panales. Pero todo esto no es para que digamos que no tenemos más interés en el asunto o que nos sentemos a esperar que la película en color perfecta —empaquetada junto con el talento necesario para usarla— nos llueva del cielo. Debemos continuar tanteando el camino.

Aunque es difícil de prever con exactitud la manera en que la fotografía de color va a convertirse en fotorreportaje, seguro que requiere una nueva actitud mental, un enfoque distinto del que resulta apropiado, en cambio, para el blanco y negro.

Para poder ser verdaderamente creativo en el campo de la fotografía en colores debemos transformar y modular los colores. De este modo conseguiremos una libertad de expresión dentro de los limites establecidos por las leyes que fueron codificadas por los impresionistas, y de las cuales ni aun los fotógrafos podemos escapar (por ejemplo, la ley del contraste simultaneo: todo color tiende a teñir el espacio que lo rodea con su color complementario; y si dos tonalidades contienen un color que les sea común, este se vera atenuado si se le coloca entre las dos. Al colocar dos colores complementarios uno junto al otro, se resaltan ambos; pero si se les mezcla, se anulan; etc., etc.). La operación de llevar el color de la naturaleza a una superficie impresa plantea una serie de problemas extremadamente complejos. Para el ojo, algunos colores avanzan, otros retroceden. De esta manera deberíamos ser capaces de acomodar las relaciones del color unas con otras, puesto que los colores de la naturaleza poseen una ubicación dentro de la profundidad del espacio, exigiendo una ubicación distinta en una superficie plana, ya sea de una pintura o de una fotografía.

Las dificultades que tienen las instantáneas están dadas, precisamente, por el hecho de que no podemos controlar el movimiento del sujeto, y el problema en la fotografía de color esta en que no somos capaces de controlar la interrelación de colores que se da dentro del sujeto. No seria difícil agregar lo siguiente a la lista de dificultades, pero lo cierto es que el desarrollo de la fotografía esta ligado al de su técnica